La parábola del padre amoroso - parte 2

En el anterior post vimos cuánto nos enseña sobre crianza, la parábola del hijo pródigo (ó parábola del padre amoroso). Pero la historia no acaba cuando el hijo menor vuelve después de desperdiciar toda su herecia y su padre le hace una fiesta. La historia continúa y se pone tensa cuando el hermano mayor regresa de trabajar y se entera de la fiesta por el regreso de su hermano menor. Tenemos un hermano mayor celoso, enojado y frustrado.

Por un momento vamos a ponernos en el lugar de ese hermano mayor. Él es el hijo obediente, el que siempre hace caso a su papá, el trabajador, el ejemplo. De pronto llega y ve que su padre le ha hecho una fiesta de bienvenida al hijo rebelde, al desobediente, al que nunca hacía caso. La biblia lo describe de esta forma: "Entonces el hermano mayor se enojó mucho y no quiso entrar. Su padre tuvo que salir a rogarle que entrara". Lucas 15, 28 (TLA)

No me sorprende la reacción del hijo mayor, es natural que se sienta celoso y enojado. Lo que me sorprende es cómo reacciona el padre. La biblia dice: "su padre tuvo que salir a rogarle que entrara".

El padre pudo haberle gritado de la puerta: ¡vamos entra y no me discutas! ó ¡no te estoy consultando, te ordeno que entres! Recordemos, éste era el hijo obediente, el que siempre hacía caso. Con alguna de esas órdenes, hubiera entrado sin protestar. Pero este padre amoroso sale a rogarle que entrara. No tenía la necesidad de hacerlo, pero lo hizo, salió a pedirle que entrara.
Wow! ¿alguna vez han leído en un libro de crianza, que un padre pide perdón o que le ruega a su hijo? No, la gran mayoría de libros de crianza hablan de formas de castigar, corregir, cómo no dejarte manipular, pero nadie te habla de lo importante y reparador que puede ser que tú como padre puedas pedir perdón, que seas tú el que te acerques a tus hijos y que les muestres un poco del amor incondicional que Dios tiene por ti.

¿Qué hizo este  padre amoroso frente a la frustración de su hijo?

1. Lo escucha atentamente: el padre escucha atentamente la razón del enojo de su hijo. No le dice: ¡y a mi no me repliques! ¡no me protestes! Por lo contrario no lo interrumpe y lo escucha hasta que su hijo termina de hablar.

2. Le enseña el camino correcto del enojo: si el hermano estaba enojado muy probablemente todo lo que le dijo a su padre se los dice exaltado, gritando. Y su padre lejos de alzar más la voz, le explica con paciencia y amor. En el post anterior les comenté cómo cuando un niño tiene una rabieta muchos padres gritan más fuerte, golpean o ignoran, pensando que es la forma correcta de manejar estas situaciones. Las rabietas y/o frustraciones nos brindan oportunidades para enseñar a nuestros hijos sobre el autocontrol, y esto sólo se aprende 1. con el ejemplo y 2. con la contención que yo como padre/madre puedo ofrecer. Si yo grito, pego o ignoro, ya tengo 2 personas con rabieta. Si yo escucho, indago la causa, ofrezco consuelo, y estoy calmado(a) le estoy dando herramientas para que a futuro mi hijo sepa como manejar una situación frustrante. Se requerirá de mucha paciencia, por supuesto. Pero no tanta como la paciencia que tiene Dios contigo.

3. Ofrece una explicación simple: este padre amoroso sabía que para que su hijo vuelva a estar en calma, tenía que él primero proyectar esa calma. Sabía que si lo sermoneaba en ese momento iba ser inútil. El padre de manera muy sencilla pero entendible le explica a su hijo por qué le hizo una fiesta a su hermano. Este padre amoroso empatiza con su hijo, le transmite que entiende su enojo y logra que entre a la casa.
Ofrecer consuelo, escuchar atentamente, empatizar, mantener la calma son herramientas que ayudará a sacar de la frustración a nuestros hijos. Eso no quiere decir ser permisivos, o permitir que "te tomen el pelo". Es enseñar el camino correcto de nuestro enojo. Muchas veces lo que nuestros hijos necesitan es simplemente sentirse escuchados y sentir que nosotros podemos amarlos a pesar de ese mal momento.

¿Qué escandalosa esta enseñanza verdad? Un padre que pide perdón a sus hijos, que se humilla ante ellos, que los escucha atentamente. Así de escandalosa es la Gracia. Así de abundante e incomprensible es el amor de Dios. Y ése es al amor que sana, el que conduce al arrepentimiento. Qué difícil es poder encontrarle razonamiento al amor de Dios, pero Dios siempre espera, siempre acoge, nunca deja de amar.


Si así es el amor de un padre para su hijo, cuanto más el de nuestro padre celestial. Dios es nuestro modelo perfecto de padre y debemos imitarlo.

Quiero terminar estas 2 entradas sobre el padre amoroso invitándote a que veas este video de la canción Quizás hoy de Ricardo Rodriguez, resume bastante bien la parábola del padre amoroso.

Mi oración para que en nuestras familias siempre reflejemos todo el amor de este padre amoroso.

Un abrazo,

Vanesa Ríos

Sígueme también por Facebook

También puedes ver: La parábola del padre amoroso - parte 1





Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Realmente Dios aprueba el castigo físico a los niños?

¿Qué significa criar bajo la gracia?

La parábola del padre amoroso-parte 1

Mitos y verdades sobre la disciplina

Bienvenid@s